Esta noche escucho tus versos,
blanca luna, dile cuánto lo quiero.
Me miras con el mismo resplandor de sus ojos
y mi cuerpo tirita, mientras entra
el frío invierno nocturno por mi ventana.
Luna, ve y dile que lo espero,
que lo anhelo, que lo deseo;
que tu luz alumbre su alcoba
y grite mi nombre en su memoria.
Luna, no me ciegues esta noche de dolor,
necesito su calor, su aliento.
Déjame vivir dos noches más
para seguir escribiendo,
mientras suspiro en su honor.
No agotes mi amor delicado y guerrero
de una madrugada a las dos de la mañana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario