EL CUERPO Y LA CONSTRUCCION DEL SEXO: UNA NORMATIVA CULTURAL EN DOS CUENTOS DE ENRIQUE TAMAY[1]

Yossy Quintanilla Pinillos
(Universidad Nacional Federico Villarreal)

La fábula poética de la partición del ser humano en dos mitades —macho y hembra— que aspiran a reunirse de nuevo en el amor se corresponde a maravilla con la teoría popular de la pulsión sexual. Por eso provoca gran sorpresa enterarse de que hay hombres cuyo objeto sexual no es la mujer, sino el hombre, y mujeres que no tienen por tal objeto al hombre, sino a la mujer. A esas personas se las llama de sexo contrario o, mejor, invertidas; y al hecho mismo, inversión. El número de esas personas es muy elevado, aunque es difícil averiguarlo con certeza.

(SIGMUND FREUD - Tres ensayos de teoría sexual y otras obras)

En los dos breves cuentos de Enrique Tamay (Chimbote, 1964): Tiro por la culata y Amistad seccionada de su libro De infidelidades y demás yerbas se evidencia el tema de la sexualidad, muy discutido desde la pregunta siguiente: ¿La sexualidad en el Hombre ‘nace o se hace’ o se construye a nivel cultural?
 En el siguiente ensayo propongo, y tomo como ejemplos claves los dos cuentos de Tamay, que la sexualidad es una construcción que se da a partir de la cultura, espacio y/o situación en el que el hombre vive. De acuerdo con las ideas de Norma Fuller y Judith Butler, la sexualidad debe ser entendida como parte de la realidad cultural y no como un sustrato biológico que toma formas prefijadas en todos los grupos humanos.
En ambos textos existe un solo narrador, la voz de una mujer y un hombre, respectivamente, ambos son personajes a la vez (los relatos están en primera persona); a ello se le conoce como narrador homodiegético que es el narrador presente en la historia (Genette 1989:299), el que cuenta, en estos casos, cuentan su propia historia. También se le puede llamar autodiegético, porque pertenece al mundo representado y es el principal.
Aquellos narradores cuentan su historia a un narratario que no está explícito en la diégesis, ya que es un relato[2], se está contando una historia, en estos casos, las experiencias de los narradores, algo que les sucedió. Pretenden que el narratario los escuche, esto es en el mundo textual. Refleja la vida misma, experiencias (ficticias) de un narrador (también ficticio) para que el lector refleje en él la realidad.
La experiencia se cuenta, trata de recordar el pasado que los atormentaban y/o atormentan aún. Narran su historia con morosidad, seleccionan detalles de su realidad, construyen el pasado en el presente y lo evidencian con su propia ‘voz’ en el relato.
Luego, los relatos van a depender del punto de vista del narrador. La focalización es la manera cómo los personajes, incluyendo el narrador, entienden el relato, el cómo se aprehende la realidad, tiene que ver con los sentidos. Se le puede llamar punto de vista.
Los personajes reconstruyen una realidad a través de su punto de vista, a esta focalización se le llama focalización fija[3] en donde el punto de vista es de un solo personaje:
«Me molestó su actitud, pero supe guardar silencio. Algo se traía entre manos. Entonces opté por seguirlo…. »[4]
En esta cita se evidencia la focalización hacia la narradora que se idealiza sobre el comportamiento de su marido, piensa que le es infiel con otra mujer, esta lo persigue para confirmar sus sospechas, pero será totalmente sorprendida al encontrarlo con otro hombre.

v  LA CONSTRUCCIÓN DE LA SEXUALIDAD

-       Tiro por la culata: La otra identidad masculina

En el primer relato encontramos el tema de la bisexualidad y/o,  arriesgando, el tema de la homosexualidad, ya que se puede evidenciar el alejamiento del hombre de la esposa en sus salidas nocturnas.
«Tiempo atrás mi marido cambió de repente. Empezó a salir de noche…»[5]
La ideología masculina se impone a la de la mujer a través del discurso, impone un concepto de fijeza en la construcción ideológica de la otredad. Pero en el relato sucede lo contrario. El tema de la homosexualidad pretende evidenciar la identidad del varón ante la sociedad; citando a Norma Fuller, la homosexualidad coloca al hombre en el espacio femenino, se feminiza a partir de los códigos simbólicos que lo nombra.
«La homosexualidad es uno de los dispositivos más eficientes en la constitución de la identidad masculina porque, al colocar al varón en una posición simbólicamente femenina, constituye la materialización de lo abyecto. De este modo, el contacto homosexual, sea para negarlo o para actuarlo, actúa y produce los bordes de la virilidad ya que, al volver real el tabú, hace evidente lo que un varón no es, el punto en que pierde su condición de tal. Por ello, la reiterada mención a este tema actúa como un recurso para reafirmar los bordes de lo masculino y darle así consistencia ».[6]
De acuerdo a la cita, es el mundo simbólico el que nombra al individuo, él lo construye y marca el cuerpo sexual, impone una identificación. En el relato, se denomina al hombre como sujeto femenino, socialmente obtiene un castigo, el hombre es ‘castrado’, ya no tiene posición ni es aceptado socialmente.
Cito a Judith Butler:
« Lo simbólico marca un cuerpo como femenino a través de la marca de la privación y la castración, pero ¿Puede obligar a aceptar esa castración mediante la amenaza del castigo? Si la castración es la figura misma del castigo con que se amenaza al sujeto masculino, parecería que el hecho de asumir la posición femenina no solo está impulsado por la amenaza del castigo».[7]
Luego, el discurso masculino toma posición de la significación, a través de la virilidad que evidencia su masculinidad es propio del poder discursivo; el hombre expresa su virilidad como el ‘súper macho’, el que puede asistir a muchas mujeres.
«El discurso viril define a la sexualidad activa como uno de los pilares de la virilidad. Todo varón debe probar ante sus pares que es capaz de penetrar a una mujer para adquirir el estatus masculino. La sexualidad es indomesticable, es decir, no puede ser colocada bajo el control de una mujer. Si esto ocurriera, el varón correría el riesgo de ser emasculado y convertido en femenino».[8]
El personaje homosexual sale por las noches, es interesante este hecho, ya que el hombre presenta dos vidas, una totalmente falsa y otra cierta en el presente de la diégesis. El hombre de día mantenía la posición falsa, aquella que da imagen del ‘buen marido cumplidor’[9], el hombre viril que tiene una mujer como esposa: es el hombre construido por el mundo simbólico. Pero, por las noches, el personaje romperá con la ley simbólica del matrimonio (fidelidad) para satisfacer su sexualidad en su mismo género. El hombre se convertirá en un individuo perverso al deshonrar a su mujer, no le interesa la moral ni las leyes simbólicas, solo satisfacer su cuerpo, su sexo.
« Esta práctica, que invierte el tabú de la homosexualidad, es también un recurso de reconocimiento, jerarquización y expulsión del grupo de pares ya que los varones lo usan para establecer una escala de jerarquías que va desde los más viriles (duros, activos sexualmente) hasta los más femeninos (pasivos, de maneras suaves)».[10]
De acuerdo a la cita, en el relato, el personaje homosexual forma una jerarquía, es él el que se feminiza, será el sujeto pasivo; eso se evidencia en la posición en el que fue encontrado, porque ‘...estaba desnudo boca abajo con otro en la cama.’[11]. Es una jerarquía simbólica fuera de la ideología corporal de que el hombre esté sobre la mujer.
El homosexual que asume públicamente su preferencia homoerótica cae dentro de lo aberrante y los contactos íntimos con ellos deben ser evitados, no es aceptado en la sociedad, es ninguneado, maltratado, por ello el personaje del relato no acepta su homosexualidad, de lo contrario sería su derrota social, marital y también económica, porque disminuiría totalmente las posibilidades de trabajo y se adentraría en el ambiente oscuro (Empezó a salir de noche…) de la prostitución, ese espacio único en el que sí sería aceptado.
La ley ‘diurna’ (la ley simbólica) se identifica con la ‘nocturna’, a través del nombramiento a esta última por la primera, se da a través del rechazo al otro (la mujer, el homosexual, el proxeneta, etc.) para ser identificado en el mundo simbólico[12]. El cuerpo se convierte en la identidad del sujeto, ya nada será a nivel simbólico, sino a nivel material.

-       Amistad seccionada: El mantenimiento de la masculinidad

En el segundo relato encontramos la focalización en el personaje varón que no cree sobre la infidelidad de su mujer.
«Jamás pensé que alguien iba a decirme algo tan delicado y devastador al mismo tiempo, que mi mujer, la madre de mis hijos, me era infiel, y que yo era para todos mis amigos y conocidos un cachudo de primera».[13]
En primer lugar, la mujer en este discurso representa dos cosas: el orden y el peligro[14] a través de la infidelidad que se presenta al marido. Sin embargo, si domestica totalmente al deseo, puede emascular al varón porque la sexualidad es por definición activa y no podría someterse al control femenino. La versión femenina asociada a la libertad y la afirmación del deseo, la seductora, encarna el peligro porque conduce al hombre a ser prisionero de sus impulsos.[15]
Después, el personaje del esposo juega un rol de denominarse subalterno sin saber lo verdaderamente real; este al no incluir su matrimonio en la infidelidad esta denotando que vive en el mundo de la fantasía, cree que su matrimonio es feliz. Una fantasía que se hizo el personaje para manejar lo real. No admitía que existía infidelidad por parte de la esposa, no admitía su realidad horrorosa de ser engañado. Ocultaba la realidad a través de la fantasía[16].

«Conocía de sobra a mi mujer y tenía que ser una calumnia, o mejor aún, para mi tranquilidad un error».[17]

Lo real siempre regresa, regresa de manera violenta dándonos un duro golpe, rompe la fantasía. Pero, en este caso no llega con la esposa.
Además, el hombre no acepta la infidelidad de la mujer, ya que esto va en contra de su masculinidad; la idea de saber que su mujer le es infiel lo atormenta, lo disminuye, socialmente “es un cornudo y perdería el adjetivo de modelo viril y romántico, mantener la masculinidad influye en la manera de relacionarse con las mujeres, que no es precisamente moderna e igualitaria, sino jerárquica.
Aquí no existe el deseo de tener el cuerpo o por el tema del amor, sino por quién esté más cercano al poder, a la masculinidad.

Conclusión:

La masculinidad es algo que debe ser conseguido, logrado y conservado para entender aquella construcción ideológica de sistema de sexo/género que son normas que las sociedades elaboran a partir de la diferencia sexual y que dan sentido a la satisfacción de los deseos corporales, biológicos, impulsos sexuales, a la reproducción humana; que son los temas sociales que condiciona las relaciones de los seres humanos. El sujeto se adapta a lo que le es sugerido, asume su definición, pero hay sujetos que no aceptan por el miedo al rechazo social[18] y demuestran que son tan potentes que pueden responder sexualmente incluso frente estímulos adversos. Asimismo, el imponerse sobre otro varón, feminizándolo, constituye una prueba de masculinidad. Pero, ello a la vez es peligroso, ya que la imagen simbólica del varón no es igual en todas las sociedades.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA
·         BUTLER, Judith. Cuerpos que Importan; sobre los límites materiales y discursivos del ‘sexo’.1° ed., Paidos. Buenos Aires, 2002
·         FULLER, Norma. El pensamiento feminista y los estudios sobre identidad de género masculino. En  Hojas de Warmi Nº 8; pg. 13-24. 1997.
_______________Masculinidades, cambios y permanencias varones de Cuzco, Iquitos y Lima. Lima, Fondo editorial  Pontificia Universidad Católica del Perú - capítulo 2: Sexualidad. 2002.
·         GENETTE, Gerard. Figuras III. Primera edición. Editorial Lumen 1989. Barcelona.
_______________Nuevo discurso del relato. Ediciones Cátedra. Madrid, 1998.
·         TAMAY, Enrique. De infidelidades y demás yerbas. Arteidea editores. Lima, 2006.
·          ZIZEK, Slavoj  El acoso de las fantasías. Traducción de Clea Braunstein Saal. Siglo XXI editores.





[1] De infidelidades y demás yerbas. Enrique Tamay. Arteidea editores. Lima, 2006.
[2] Un relato, como todo acto verbal, solo puede informar, es decir, trasmitir significados. El relato no “representa” una historia (real o ficticia), la cuenta, es decir, la significa mediante el lenguaje, con la excepción de los elementos verbales previos de esa historia (diálogos, monólogos), que tampoco imita, no porque no pueda, sino simplemente porque no lo necesita, porque puede reproducirlos directamente o, para ser más exactos, transcribirlos. (Genette. Nuevo discurso del relato, 1998:31)
[3] Para una idea más clara acerca del término focalización y tipos de esta ver Genette. Figuras III. Pg. 245
[4] Tiro por la culata. Pg. 73.
[5] Op cit. Pg. 73.
[6] Norma Fuller Masculinidades, cambios y permanencias: Varones de Cuzco, Iquitos y Lima. Capítulo 2: Sexualidad. Pg. 10.
[7] Cuerpos que Importan.  Pg. 155.
[8] Masculinidades, cambios y permanencias: Varones De Cuzco, Iquitos y Lima. Norma Fuller. Capítulo 2: Sexualidad.  Pg. 22
[9] Agrego lo que Norma Fuller dice acerca de la experiencia de género del hombre: “De este modo, la experiencia de género de un varón no se determina únicamente por su sexo sino por el lugar que ocupa dentro de las categorías raciales étnicas, de clase, regionales, etc., de la sociedad en la que vive.” (1997:23)
[10]. Masculinidades, cambios y permanencias: Varones De Cuzco, Iquitos y Lima. Norma Fuller . capítulo 2: Sexualidad. Pg. 11
[11] Tiro por la culata. Pág. 75.
[12]La constitución de sujeto requiere una identificación con el fantasma normativo del sexo y esta identificación ocurre a través del repudio que produce un dominio de lo abyecto, un repudio sin el cual el sujeto no puede emerger.” (Fuller, 1997:22)
[13]Amistad seccionada. Pg. 55
[14] Añade Norma Fuller:La esposa permite poner diques al deseo sexual del varón y lo aleja así del peligro de caer en el desorden y la animalidad” (2002:23).
[15] Masculinidades, cambios y permanencias: Varones de Cuzco, Iquitos y Lima.. Norma Fuller, capítulo 2: Sexualidad. Pg. 23.
[16] La noción estándar con respecto al funcionamiento de la fantasía en el contexto de la ideología es la de un escenario fantástico que opaca el verdadero horror de la situación. El acoso de las fantasías por Slavoj Zizek.
[17] Amistad seccionada. Pg. 56
[18] Aquel rechazo proviene de la construcción del ‘sexo’, como dijo Judith Butler (2002:19), que es una norma cultural que gobierna la materialización de los cuerpos en la cual el sujeto asume su ‘sexo’.

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